5 de maio de 2011

Lo que dice Umberto Eco sobre Mafalda

Umberto Eco
"Mafalda no es solo un personaje de historietas; es tal vez el personaje de los años setenta en la sociedad argentina Si al tratar de definirla se ha usado el adjetivo "contestataria", no ha sido por uniformarse a la moda del anticonformismo a toda costa: Mafalda es de verdad una heroína iracunda que rechaza al mundo tal cual es. Para comprenderla, conviene trazar un paralelo con otro gran personaje a cuya influencia no es ajena: Charlie Brown. Charlie Brown es norteamericano, Mafalda sudamericana. Charlie Brown pertenece a un país próspero, a una sociedad opulenta en la que trata desesperadamente de integrarse, mendigando solidaridad y felicidad; Mafalda pertenece a un país denso de contrastes sociales, que a pesar de todo querría integrarla y hacerla feliz, pero ella se niega y rechaza todas las ofertas. Charlie Brown vive en un universo infantil propio, del cual están rigurosamente excluidos los adultos (con la salvedad de que los niños aspiran a convertirse en adultos); Mafalda vive en un continuo diálogo con el mundo adulto, mundo al cual no estima, no respeta, hostiliza, humilla y rechaza, reivindicando su derecho a seguir siendo una niña que no quiere hacerse cargo de un universo adulterado por los padres. Charlie Brown ha leído, evidentemente, a los revisionistas freudianos, y anda en busca de una armonía perdida; Mafalda, con toda probabilidad, habrá leído al Che. En realidad Mafalda en materia política tiene ideas muy confusas, no logra entender que es lo que sucede en Vietnam, no sabe porque existen los pobres, no se fía del Estado y está preocupada por la presencia de los chinos. Sólo una cosa sabe claramente: no está conforme, La rodea una pequeña corte de personajes mucho más "unidimensionales": Manolito, monaguillo integrado del capitalismo de barrio, que sabe con total certidumbre que el valor primario en este mundo es el dinero; Felipe, soñador tranquilo; Susanita, beatíficamente enferma de espíritu materno, narcotizada por sueños pequeñoburgueses. Y luego los padres de Mafalda que como si no les bastara lo duro que resulta aceptar la rutina cotidiana (recurriendo al paliativo farmacéutico del "Nervocalm"), se ven agobiados, por añadidura, con el tremendo destino de tener que encargarse de la Contestataria. El universo de Mafalda es el de una América Latina en sus zonas metropolitanas más adelantadas; pero es en general, desde muchos puntos de vista, un universo latino y esto hace que Mafalda nos resulte mucho más comprensible que tantos personajes del cómic estadounidense; además Mafalda es, en último análisis, un "héroe de nuestro tiempo", y no se debe pensar que ésta sea una definición exagerada para el personajito de papel y tinta que Quino nos propone, Ya nadie niega hoy que el cómic (cuando alcanza niveles de calidad) es un testimonio sobre el momento social: y en Mafalda se reflejan las tendencias de una juventud inquieta, que asumen el aspecto paradójico de una oposición infantil, de una eccema psicológica de reacción a los medios de comunicación de masas, de una urticaria moral producida por la lógica de los bloques, de un asma intelectual originado por hongos atómicos. Puesto que nuestros hijos se preparan para ser -por elección nuestra- una multitud de Mafaldas, nos parece prudente tratar a Mafalda con el respeto que merece un personaje real."

Escultura en Buenos Aires, pelo artista Pablo Irrgang


Texto retirado  do  site  mafalda.net

4 de maio de 2011

La Ninfa Incostante

Sinopsis:

Estela no llega a los dieciséis años ni al metro sesenta ni tampoco alcanza a entender la palabrería de ese crítico de cine que se ha enamorado de ella. Él tiene ya una edad y una esposa que ha dejado de esperarlo despierta... Pero ésta no es otra de esas historias de amor en la que un maduro intelectual queda atrapado por la belleza de una ingenua adolescente, porque Estelita tiene un plan que es de todo menos inocente. De fondo, música de bolero y una Habana ruidosa y sensual. Puro Guillermo Cabrera Infante. El escritor cubano nos había dejado hasta ahora dos obras maestras: Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto. Pero era un secreto a voces que Cabrera Infante escribió durante sus últimos años una nueva novela que ampliaría su fresco de La Habana anterior a 1959, con numerosas pinceladas autobiográficas: "Según la física cuántica se puede abolir el pasado o, peor todavía, cambiarlo. No me interesa eliminar y mucho menos cambiar mi pasado. Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo. Esa máquina es la memoria". La ninfa inconstante muestra a las claras todas las facetas del estilo de Cabrera Infante: los juegos de palabras que tanto fascinaban a ese infatigable explorador del lenguaje, sus referencias cinematográficas y literarias, el gusto por las expresiones del habla popular y ese personalísimo y exquisito sentido del humor que puebla cada una de sus páginas.

Autor: Guillermo Cabrera Infante
Editorial: Galaxia Gutenberg
ISBN: 9788481097856
288 páginas
R$ 29,00

3 de maio de 2011

Ernesto Sábato, un hombre con compromiso ético a quien el arte salvó del suicidio

El escritor argentino Ernesto Sábato, fallecido a los 99 años, se ha destacado por un firme compromiso político y ético que confluye en su obra, plasmada gracias a que el arte le salvó del suicidio, según ha admitido.
Nacido en la localidad bonaerense de Rojas el 24 de junio de 1911, el autor de 'El Túnel' se consolidó como el exponente de las letras argentinas con mayor proyección internacional.
Galardonado con el Premio Cervantes en 1984, el escritor llegó a ser propuesto por la Sociedad General de Autores y Editores de España como candidato al Premio Nobel de Literatura de 2007.
"Me salvó el arte y por eso mi arte es trágico", reconoció en 1992 el autor de 'Sobre Héroes y Tumbas' a la revista 'Newsweek', a la que confesó que estuvo dos veces tentado de suicidarse.

Activista por los Derechos Humanos

Afín al socialismo, Sábato también fue reconocido por su defensa a los derechos humanos. En 1984 residió la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas que redactó el 'Informe Sábato' o 'Nunca más' sobre los horrores de la última dictadura militar (1976-1983).
También escribió cartas a la opinión pública en contra del terrorismo de ETA y ensayos sobre la dramática situación de la infancia. La Humanidad vive un "tiempo de inmoralidad", advirtió a fines de 2000 en un texto para el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
El prólogo del informe 'Nunca Más' le valió a Sábato fuertes críticas de organismos humanitarios que cuestionan la llamada "teoría de los dos demonios" sobre la violencia política que sacudió a Argentina en la década de 1970. En el texto, el escritor sostuvo que en los años 70 Argentina "fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda".
"Nuestros hijos no eran demonios. Eran revolucionarios, guerrilleros, maravillosos y únicos que defendieron a la Patria", afirmó la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, durante un discurso pronunciado el 24 marzo de 2006, cuando se cumplieron 30 años del golpe militar. "(...) Lo que hizo Sábato es una porquería pero es su pensamiento", aseguró Bonafini.

Un autor de éxito

Pero más allá de las controversias, la postura comprometida de Sábato no le restó lectores: su ensayo 'La resistencia' (2000), que se publicó primero por Internet a pesar de los reparos del escritor a todo lo que signifique globalización, fue un éxito y la primera edición impresa, de 100.000 ejemplares, se agotó rápidamente.
La fama internacional le llegó en 1961 con la novela 'Sobre Héroes y Tumbas' y la consagración en 1974 con 'Abaddón el exterminador', que fue premiada en Francia, donde es nombrado Caballero de las Artes y las Letras. Esas dos obras completaron una trilogía junto a su primera novela 'El Túnel' (1948), cuya versión adaptada llegó a los escenarios de España en abril de 2006.
Antes de volcarse a la literatura, Sábato estudió física en la Universidad Nacional de la Plata y entre 1938 y 1939 trabajó becado en el Laboratorio Curie de París.
A su regreso a Argentina, en 1940, se dedicó a la enseñanza y publicó su primera obra, una recopilación de ensayos titulada 'Uno y el Universo', en 1945, cuando abandonó su carrera científica para dedicarse por completo a la literatura.
Su última obra publicada fue 'España en los diarios de mi vejez', fruto de los viajes en 2002 a tierras españolas mientras Argentina se sumergía en la más feroz crisis económica de su historia.

De premios y críticas

Entre los numerosos premios recibidos por Sábato también figuran el Menéndez Pelayo (1997) y el Gabriela Mistral (1983), otorgado por la Organización de Estados Americanos (OEA). Pero uno de los reconocimientos más emotivos de su vida que pobló de lágrimas su rostro le llegó en 2004, cuando fue homenajeado con reiteradas ovaciones durante el III Congreso de la Lengua, en la ciudad de Rosario (Argentina).
Sábato también recibió críticas de otros escritores, como Jorge Luis Borges. "Ha escrito poco, pero ese poco es tan vulgar que nos abruma como una obra copiosa", lo calificó en 1956 el autor de 'El Aleph', según el diario que Adolfo Bioy Casares escribió sobre sus conversaciones con su amigo Borges.
Sábato también llenó su tiempo con la pintura, aunque confesó que su "espíritu autodestructivo" lo llevó a destruir buena parte de sus obras. "Arrastrado por amigos", según declaró, presentó una decena de sus obras en 1989 en el Centro Pompidou de París y del mismo modo lo hizo después en Madrid.
El escritor argentino atravesó momentos difíciles en su vida con lamuerte en 1995 del mayor de sus dos hijos, Jorge, en un accidente de tráfico, y con el fallecimiento en 1998 de su primera esposa, Matilde. Luego llegó a su vida Elvira González Fraga, la mujer que le acompañó desde que enviudó hasta su muerte.

Fonte: El mundo

El otro Sabato

La primera edición de Sobre héroes y tumbas (Compañía General Fabril Editora) apareció a fines de 1961. No es frecuente que la publicación de una novela de ambiciones literarias -concebida como un texto maldito y como "obra total", no como un best seller- coincida de inmediato con el gusto de un público ansioso, sin sospecharlo, de leer exactamente lo que ese libro le ofrece. Eso fue lo que ocurrió con la segunda novela de Ernesto Sabato. Lo que él decía y cómo lo decía era lo que muchos de los lectores argentinos de la época, sobre todo los más jóvenes, estaban interesados en leer. La visión de la historia nacional desde la perspectiva de una izquierda no clasificable, la narración de carácter existencial, o "existencialista", como se decía en aquellos años, la pasión romántica, las reflexiones sobre Borges, los toques macabros, el incesto, la locura y la tragedia, todo eso, coronado por "Informe sobre ciegos", era mucho más de lo que se podía esperar y, al mismo tiempo, era lo que se aguardaba, sin saberlo. Apenas comenzaron las clases de 1962 en los colegios secundarios y en las facultades, la difusión de Sobre héroes ? se aceleró. Los mismos estudiantes que iban a ver las películas de la nouvelle vague eran los que seguían las desventuras de Martín, Bruno y Alejandra Olmos, los personajes creados por el escritor. Sin embargo, Sabato no tenía en las cátedras universitarias la misma aceptación que Julio Cortázar, cuyas colecciones de cuentos ( Bestiario , Las armas secretas ), ya eran analizadas y admiradas en los cursos de introducción a la literatura a principios de la década de 1960. Sabato era leído más bien fuera de las aulas. Suscitaba polémicas, se lo exaltaba y se lo atacaba con la misma pasión, pero no se lo estudiaba. En general, lo que no se discutía era la calidad literaria de "Informe sobre ciegos", tercera parte de la novela, y el relato de la retirada y muerte del general Lavalle.
Curiosamente, en 1962 se había traducido al español El retorno de los brujos , un ensayo de Louis Pauwels y Jacques Bergier, que se ocupaba de los fenómenos parapsicológicos y del esoterismo, es decir, de un mundo tenebroso que, de algún modo, rozaba el de Sabato. De ese ensayo, se vendieron millones de ejemplares en todo el mundo. El éxito fue tal que Pauwels y Jacques Bergier empezaron a publicar en francés la revista Planète . En las coffee tables de las casas más sofisticadas de Buenos Aires, Sobre héroes ? y Planète compartían los lugares de honor (poco más tarde, Planète se convirtiría en un producto masivo). Ese hecho muestra hasta qué punto el autor argentino había captado el espíritu de la época, pero lo había hecho antes y con fines absolutamente literarios. Las señoras que oficiaban de locomotoras culturales de la sociedad y los estudiantes que poblaban los cafés cercanos a la calle Florida, centro de los debates más encendidos, leían el mismo libro. El escritor de las tinieblas se había puesto de moda y había revolucionado las vidas de sus seguidores que lo consultaban (y lo seguirían haciendo) como a un gurú.
El éxito del nuevo título de Sabato hizo que se lo tradujera a numerosos idiomas junto con el resto de su producción. Esas versiones le valieron muchos reconocimientos internacionales y su renombre creció de un modo notable con la actividad cívica que tuvo desde la restauración de la democracia. Quizá pueda decirse que, en la actualidad, Sabato tenga aún más prestigio estrictamente literario en el extranjero que en la Argentina, donde su nombre se asoció en los últimos años al Nunca más , la investigación que presidió sobre los desaparecidos de la dictadura militar. Saramago, el fallecido premio Nobel de Literatura, y el italiano Claudio Magris (candidato al mismo premio), que fueron sus amigos, han colocado las novelas y ensayos del argentino entre los más destacados de la segunda mitad del siglo XX.
Los críticos, los lectores y los colegas de Sabato en el país y en el exterior han insistido siempre en el carácter sombrío de sus ficciones y ensayos; una tendencia subrayada en la vida real por la expresión concentrada de su rostro y la postura melancólica de su cuerpo. La misma aplicación que Sabato ponía en retratar a sus personajes, la empleó para componerse una máscara que lo protegiera y lo convirtiera en un ícono. De todos modos, él mismo decía que, más allá de sus depresiones, era un cascarrabias y nunca dejó de hablar de la esperanza. Pero había en él otro aspecto poco conocido por la mayoría y muy festejado por sus amistades: el humor, a menudo sarcástico, del que era capaz. Disfrutaba cuando uno de sus rasgos de ingenio divertía a quienes hablaban con él. Sin embargo, poco o nada de eso afloraba en su imagen pública, quizá porque había quedado preso de las grandes causas de las que no podía sustraerse y que consideraba urgentes y necesarias. Es probable que temiera incurrir en frivolidades ante quienes lo escuchaban y lo veían en actos oficiales y conferencias. Por otra parte, la expresión ensimismada, la famosa vena que surcaba su frente y que Mujica Lainez le envidiaba, la tristeza lancinante de la mirada, se correspondían con lo esencial de su obra. Aun así, algo de la veta humorística de Sabato se puede entrever en Quique, una de las criaturas más peculiares de Sobre héroes ? Quique aparece en dos escenas de la novela. Las dos veces está de visita en una boutique donde trabaja Alejandra. Es un periodista mordaz, que se burla de todos de un modo tan cómico como despiadado. Cuando uno le recordaba a Sabato la figura de Quique, se sonreía. En tren de confidencias, llegaba a abrir uno de los cajones de su escritorio y sacaba una carpeta, que contenía una buena cantidad de papeles. "Estas son ocurrencias de Quique", decía. "Cuando quiero distraerme, dejo que Quique escriba, pero no mucho." En ocasiones, hasta leía en voz alta algunas de esas ocurrencias desopilantes. Después, añadía una reflexión, de nuevo melancólica. "Cuando ya no esté, quizás encuentren estas páginas y querrán publicarlas". Y, de inmediato, amenazaba: "A menos que las destruya, como destruí tantas otras páginas?".
Los desvíos de su imagen pública, los textos sonrientes (¿perdidos?) son el secreto que queda por develar. Para los lectores, de modo paradójico, ése es aún hoy uno de sus lados ignorados y oscuros: el otro Sabato.


Texto de  Hugo Beccacece
Para o jornal La Nación do dia 3 de março de 2011

Fonte: La Nación